¿Cómo solucionamos el asunto de Laura? Te lo cuento porque esto te puede pasar a ti mañana mismo bajando a comprar el pan. ¿Alguna vez has sentido que el mundo no te cree? ¿Qué te pasa algo grave, que te duele en el alma, pero como no se ve en una radiografía, el seguro te dice que eres una exagerada? Eso es exactamente lo que hicimos: luchar para que a nuestra clienta no la dejaran tirada con una vida rota por una indemnización por daño cognitivo tras un accidente de tráfico.
Esto le pasó a Laura. Imagínatela: 22 años, llena de planes y ganas de comerse el mundo. Una tarde de verano iba con su moto y, de repente… ¡pum! Un coche la embiste por detrás. Un golpe típico de esos que ves todos los días. Laura vino al despacho meses después y no podía ni mantener la mirada. Estaba desesperada: «Abogado, me levanté del suelo, hablé con el conductor, no tenía ni un hueso roto… pero ya no soy yo». Tenía un miedo atroz porque su memoria fallaba y se agotaba leyendo dos páginas. El seguro le decía que, como su moto solo tenía un rasguño de 300 euros, a ella no le pasaba nada.
La lesión invisible: cuando el cerebro «desconecta»
Hay algo clave que tienes que saber: tu cerebro no es de hierro. En derecho y medicina existe la «lesión invisible». En muchos alcances, el cerebro rebota dentro del cráneo. No se rompe el hueso, pero se desconectan cables internos. Es como si a tu móvil se le soltara una pieza interna tras una caída: por fuera está impecable, pero el Wi-Fi no funciona. El «sistema operativo» de Laura estaba dañado, pero los médicos de la aseguradora decían que, si no había mancha en el escáner, no había indemnización.
En el despacho no nos conformamos con lo que dice el perito del seguro. Nuestra estrategia fue clara: «Si el daño no se ve, vamos a demostrar cómo funciona». Contratamos especialistas en neuropsicología para medir, segundo a segundo, el rendimiento mental de Laura. Demostramos científicamente que su fatiga era real y que su futuro profesional se había truncado. Cambiamos el enfoque de «lesión física» a «pérdida de proyecto de vida».
El juicio: 800.000 euros frente a un rasguño de 300
La aseguradora se cerró en banda. Alegaban que el golpe era de «baja intensidad» y que era imposible pedir casi un millón de euros por un impacto que no rompió ni un faro. Parecía una locura, pero fuimos a juicio con un estudio profundo de cómo sería la vida de una chica de 22 años a partir de ese momento.
¿El resultado? 800.000 euros de indemnización. El juez reconoció que el daño cognitivo, aunque no se vea en una foto, es una condena de por vida. Logramos que se pagara no solo el golpe, sino cada año de estudio perdido, cada ascenso que ya no tendría y cada terapia futura. Fue emocionante ver el alivio de Laura al sentir que, por fin, alguien creía en su verdad.
No aceptes la primera oferta del seguro
El error que comete todo el mundo es aceptar una liquidación rápida. Si tras un accidente notas que estás más irritable, que te fallan las palabras o que te cansas enseguida, no es «el susto». Es tu cerebro pidiendo ayuda. No permitas que te finiquiten con 3.000 euros cuando tu vida y tu futuro profesional están en juego.
Este tipo de casos tienen solución si se cuenta con la estrategia adecuada y peritos expertos en daño cerebral.
¿Puedo reclamar una indemnización alta si los daños materiales de mi vehículo fueron escasos?
Sí. La intensidad del daño en el vehículo no siempre guarda relación directa con las lesiones de los ocupantes. En casos de lesiones cerebrales o neurológicas, lo determinante es el informe pericial médico y neuropsicológico que demuestre la secuela real, independientemente de si el coche o la moto apenas sufrieron desperfectos.
¿Qué es el daño cognitivo y cómo se demuestra ante un juez?
El daño cognitivo afecta a funciones como la memoria, la atención o la velocidad de procesamiento. Se demuestra mediante una batería de tests neuropsicológicos específicos realizados por expertos. Estas pruebas miden el rendimiento real del cerebro y comparan los resultados con los niveles normales, sirviendo como prueba objetiva aunque el TAC o la Resonancia salgan «limpios».
¿Qué conceptos se incluyen en una indemnización de gran cuantía como la de este caso?
Además de las lesiones temporales y las secuelas físicas, se incluye el «lucro cesante» (lo que dejarás de ganar por no poder trabajar como antes), el daño moral por la pérdida de calidad de vida y los gastos futuros en tratamientos, medicación o apoyo que el lesionado vaya a necesitar de por vida.
Si te encuentras en una situación similar y necesitas estudiar tu caso, en Morín Hernández Abogados podemos ayudarte desde nuestro despacho en Santa Cruz de Tenerife. Puedes ponerte en contacto con nosotros en el 922 202 971 o, si lo prefieres, a través del correo electrónico morinhernandezabogados@gmail.com